jueves, 27 de enero de 2011

Probable enfermedad del Señor H


… no es ya vida, sino muerte en movimiento.
Giogio Agamben, “Umbral”, en Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida

El señor H. se ha sometido a un complejo estudio genético, gracias al cual ha descubierto que tiene un ochenta por ciento de probabilidades de sufrir una extraña enfermedad mortal.
Ochenta por ciento es una probabilidad muy alta, es cierto. Podría decirse que se trata casi de una certeza, si no fuera por ese veinte por ciento restante.
Por otra parte, el ochenta por ciento le da al señor H. una noción aproximada de las chances que tiene de sufrir tal desventura, pero nada indica respecto de cuándo podría llegar a ocurrir (de ocurrir, por supuesto. No hay que olvidar el veinte por ciento. Ese bendito veinte por ciento)
Mientras tanto, el señor H. se encuentra perfectamente sano. Se trata sólo de un enfermo en potencia. Aunque bien podría suceder que fuera el veinte por ciento el que prevaleciera sobre el ochenta, en cuyo caso el señor H. morirá, efectivamente, algún día, sólo que no será como producto de esta rara enfermedad, sino por alguna causa indeterminada.
De modo que, aferrándose a ese veinte por ciento de posibilidades, el señor H. ha decidido llevar una vida más sana: abandonó el cigarrillo, el sexo, el alcohol, la cafeína, las grasas y aceites; sale a correr todas las mañanas, consume gran cantidad de vitaminas, antioxidantes y productos lácteos con sustancias que refuerzan las defensas del organismo.
Sin embargo, cada día, la sombra de ese ochenta por ciento lo carcome y lo sume en una desesperación, que sólo se sosiega al fantasear con cometer las locuras más grandes. Si va a morir, ¿por qué no llevarse con él a más de uno? ¿Por qué no sacarse la mordaza de la corrección y escupirle a cada uno lo que se merece? ¿Por qué no entregarse a todos los excesos?
Y la respuesta siempre es la misma: porque hay un veinte por ciento de esperanza. Así que el señor H. debe contentarse con seguir soñando e ir a trabajar todas las mañanas, saludar cortésmente a todos y comer su ensalada baja en colesterol y grasas trans.
Pero, pese a todo, el señor H. se siente aliviado: es una suerte que le hayan descubierto esto a tiempo. Quizás se encuentre una cura o un tratamiento efectivo. No como antes, que uno podía morirse sin previo aviso; viviendo el día a día con una completa ignorancia de los porcentajes y probabilidades futuros.

Ana laura López

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